miércoles, 3 de agosto de 2011

¡PARIR Y AMAMANTAR EN UNA ISLA DESIERTA!

Hace algún tiempo, en una clase con mujeres gestantes, hice la siguiente pregunta:
¿Si cada una de ustedes fuera a parir a una isla desierta, sin nada más que lo puesto, como creen que lo harían y con qué alimentarían a su bebé recién nacido?
Pensar esto suscitó en las mujeres todo tipo de reacciones,  que las enfrentaban a sus propios mitos e incertidumbres,  se hablo de todo, unas decían que irían al mar a parir, otras armarían una especie de "nido" con hojas de arboles, otras en la arena, otras buscarían cuevas o calas, citaron múltiples posturas (les aseguro que ninguna pensó hacerlo acostada ¡Que curioso!) solo importaba que el bebé naciera bien, pero claro el factor soledad era el más llamativo para ellas además de las condiciones higiénicas y no tener la posibilidad de ir a un hospital “si algo no salía bien” (¡Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia!)

Pensar en el bienestar del bebé les hacía relegar a un segundo plano el hecho de estar solas en una isla, lo importante era el recién nacido. Al final ninguna dijo "no sería capaz", todas de una u otra forma lograron llevarlo a cabo en su imaginario, lo que nos podría llevar a pensar que es algo que llevamos impreso en nuestra genética, la capacidad de parir, haciéndolo como nuestra intuición nos lo dice. Análisis que también podríamos hacer de otra forma (no tan positiva reconozco) pero si muy propagada, y es que en ese pensar en el bebé y en su bienestar, (por el miedo infundido) las mujeres experimentamos situaciones que atentan contra nuestra integridad y que nos parecen normales, cuando no lo son, me refiero a instituciones hospitalarias donde el parto es todo menos un acto amoroso, humanizado y respetado.
Una vez con sus bebés en brazos, quedaba el segundo reto,  alimentarlo.  No crean ustedes que se contempló el agua de coco como posible opción,  ni hervidos de hojas, ni nada por el estilo, todas tenían claro que alimentarían a sus bebés con su propia leche!..
Hermoso descubrimiento, todas podían alimentar a sus bebés, no había miedos, ni sentimiento de angustia ante una posible incapacidad, había SEGURIDAD.  Entonces pregunté al cabo de un rato ¿Cómo lo hacemos tan diferente en la realidad?, ¿La solución entonces es irnos a parir a una isla desierta?...creo que es poco viable¡ Y si hicieramos la siguiente pregunta: ¿Te encuentras en una ciudad, y vas a parir a tu hijo, como crees que lo harías y de qué manera lo alimentarias?, creo y me encantaría estar equivocada, que muchas no tendrían la certeza de poder hacerlo siguiendo su instinto  y las respuestas serían muy diferentes, espero hacer la prueba y encontrarme con otra realidad, o si quieres responderla  y compartirla con nosotros nos gustaría mucho!
Creo sin lugar a dudas que cada mujer puede hacerlo si confía en que es lo mejor para ella y su bebé, y ese es el reto de quienes trabajamos  apoyando la lactancia materna, ayudar a las mujeres a recuperar la confianza, informarlas efectivamente, apoyarlas y acompañarlas.
En este tercer día de la semana Mundial, mujeres gestantes, busquen asesoría de personas cualificadas, que entren en sintonía con sus deseos, Y nosotros quienes apoyamos la lactancia desarrollemos la  habilidad para comunicar de manera respetuosa y efectiva.

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